viernes, 1 de octubre de 2010

INTERROGANTE SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA


Los seres inertes y los animales irracionales de la naturaleza están situados en el mundo de manera pasiva, es decir, aparecen junto a otros seres, pero sin la posibilidad de establecer una relación racional y constructiva con ellos, puesto que no tienen capacidad reflexiva.
el hombre, en cambio, desde los albores mismos de la humanidad, ha entrado en relación reflexiva con todos los seres que le rodean, mediante la utilización de su capacidad exclusiva de interrogar e interrogarse. Es decir, el ser humano, gracias al regalo de la inteligencia, se constituye en el ser más perfecto de la naturaleza y en el centro y sujeto de la historia: por su acción, ésta evoluciona cada vez más, las ciencias avanzan permanentemente y se presenta una mayor cualificación del ser humano.
Por tal motivo, es importante profundizar en la realidad del hombre como ser histórico que recibió de su divinidad la misión de transformar la naturaleza para el servicio de todos.


El hombre se interroga ante el universo.


Desde la más remota antïgüedad, el hombre se ha cuestionado acerca de la realidad de la naturaleza que lo rodea: los eclipses, los movimientos de los astros, la sucesión de las estaciones, el frío, el calor, la lluvia, el relámpago y otros muchos fenómenos naturales despertaron su curiosidad y lo impulsaron a interrogarse acerca del origen y destino del universo.

En un comienzo el hombre dio respuesta a sus interrogantes a través del mito; posteriormente, poco a poco fue estructurando respuestas más coherentes y lógicas, hasta que finalmente se presenta la irrupción de las ciencias propiamente dichas. En la actualidad los avances de la ciencia han alcanzado límites realmente insospechados: en los últimos 50 años se ha avanzado muchísimo más que en el resto de la historia de la humanidad.

sin embargo, infortundamente tales progresos científicos no siempre alcanzan a satisfacer la necesidad de realización del hombre. Además de la ciencia, el hombre debe preocuparse por dignificar cada vez más sus relaciones con los demás, y por estructurarse aún más como persona mediante la vivencia de auténticos valores humanos y morales.

El hombre se pregunta sobre los demás.


En el mundo, el hombre encuentra seres con quienes pueden entrar en una relación más personal y directa. a diferencia de lo que le ocurre con las cosas y los simples animales, descubre que esos seres son semejantes a él y, por tanto, puede entablar con ellos el diálogo. el hombre, entonces, que en su estado más primitivo vivió en la barbarie y el salvajismo, desde los inicios de la humanidad estableció con los otros seres humanos una comunidad fundamentada en la relación yo-tú que se manifiesta en el lenguaje. esta relación le ha permitido responder cada vez con mayor conciencia los interrogantes que se le plantean acerca de u propio ser y el de los demás.


Esta relación del ser humano con los demás ha sufrido a través de la historia una serie de cambios que tienden a cualificarla cada vez más: en un momento dado, cuando, a causa del egoísmo, unos pocos comenzaron a apropiarse de los bienes de la tierra en detrimento del derecho de los demás, surgió un tipo de relación humana que ha recibido el nombre de totalidad. Según este tipo de relación el yo se considera el dueño exclusivo del ser y de los valores; el tú deja de existir como tal y se convierte en un otro, sinónimo del no ser y que por tanto, no tiene ningún valor. Se desemboca, entonces, en la historia la cadena de la explotación del hombre por el hombre que ha tenido varias fases: esclavitud, feudalismo, capitalismo, imperialismo. sin embargo, en este tipo de relación en la totalidad no alcanza a satisfacer la íntima necesidad de comunicación humana; por ello, desde la época de los antiguos profetas de Israel y, muy especialmente, con Jesús de Nazaret, se le plantea al hombre un nuevo tipo de relaciones: la alteridad, que considera al yo y al otro en igualdad de condiciones, puesto que ambos son personas y, por tanto, merecen todo respeto. La alteridad se alimenta fundamentalmente con actitudes de sincero diálogo y con el deseo de colaborar en la conmstrucción del otro que, a partir de la encarnación de Cristo, se ha constituido en hermano de todos.


En la medida que el hombre continúe cuestionándose acerca de la manera de profundizar cada vez más en el conocimiento de los demás para conformar la verdadera comunidad humana, podrá aspirar a realizarse más como persona, puesto que el ser humano reniega de su condición, cuando se encierra en su propio yo y se olvida de los demás.


El hombre se interroga sobre sí mismo.


Por encima de todos los interrogantes que el hombre pueda plantearse acerca del universo y de los demás, está la pregunta fundamental que nos proponemos siempre: ¿qué es el hombre?.


El ser humano se ha interrogado siempre acerca de su esencia y del sentido de su existencia en el mundo. antiguamente reflejó todas sus inquietudes al respecto mediante el mito así por ejemplo la figura mítica de Narciso simboliza la vanidad del hombre joven que, enamorado de su belleza, pasa largo tiempo reflejando su imagen en el agua; el mito de Sísifo, condenado a llevar toda la vida una pesada roca hasta la cima de una montaña, para, desde allí dejarla rodar para reiniciar su labor indefinidamente, representa el interrogante existencial del ser humano; posteriormente, el mito de Icaro es el reflejo del deseo de superación que ha manifestado siempre el hombre.


Pero la respuesta mítica no alcanzó a satisfacer plenamente al hombre. Por ello, desde los inicios mismos de la reflexión filosófica, se ha intentado responder tales interrogantes fundamentales. A lo largo de la historia del pensamiento se encuentran variadísimas respuestas:



  • Protágoras de Abdera, definió al hombre como ¨la medida de todas las cosas ¨.


  • René Descartes lo definió como ¨una máquina acoplada al espíritu ¨.



  • Emmanuel Kant lo definió como ¨conciencia trascendente ¨.



  • Federico Nietzsche lo concibió como ¨un puente que lleva del gusano al super-hombre ¨.



  • Jean Paul Sartre definió al ser humano como ¨pasión inútil ¨.



  • Albert Camus lo denió como ¨única criatura que se niega a ser lo que es ¨.


Después de todo, es interesante que cada persona intente dar respuesta existencial al interrogante acerca de su ser. Esta actitud permite el crecimiento del ser humano como persona. Caso contrario, es decir, cuando se permanece impasible ante la propia existencia, el hombre estanca su evolución y corre el peligro de regresar a su simple condición animal.


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